No todos los certificados pesan igual. La diferencia no está en el papel, sino en la cadena de acreditación que lo respalda y en la posibilidad de verificarlo. Antes de contratar, conviene revisar ocho puntos.
Los ocho criterios
Primero, la acreditación: el organismo debe estar acreditado por un cuerpo reconocido bajo ISO/IEC 17021-1, y ese alcance debe poder verificarse en un registro público. Segundo, la imparcialidad: un organismo serio no ofrece consultoría sobre lo que certifica. Tercero, la verificación pública del certificado emitido. Cuarto, la trazabilidad de la cadena hasta el reconocimiento internacional.
Quinto, la competencia de los auditores en tu sector. Sexto, la claridad de la propuesta: alcance, etapas y condiciones por escrito. Séptimo, el reconocimiento en tu mercado de destino. Octavo, la transparencia: un organismo que esconde su cadena de acreditación suele tener un problema con ella.
Para llevarse
- La acreditación verificable y la imparcialidad son los dos filtros decisivos.
- Un certificado que no se puede verificar públicamente vale menos.
- La transparencia de la cadena de acreditación es una señal de seriedad.
